Publicado en La Razón 

24 de septiembre de 2013. 21:48h A. V.

 

La capacidad diagnóstica en la enfermedad de Alzheimer ha experimentado en los últimos años un avance extraordinario. A pesar de las dificultades que siguen planteando su prevención, diagnóstico y tratamiento, así como el creciente número de casos documentados, los expertos ofrecen noticias esperanzadoras, especialmente en cuanto a la precoz detección de la enfermedad. En este sentido, con el uso combinado de recursos en radiología, medicina nuclear y genética se puede establecer precozmente y con certeza el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer en un 90 por ciento de los pacientes.

Así lo expresó ayer el jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico de Valencia, José Miguel Láinez, durante el transcurso de una jornada científica de la Cátedra Institucional Eresa-Universitat de València. Según Láinez, incluso en aquellas personas que tan solo presentan unos síntomas incipientes, como ligeras pérdidas de memoria, es posible predecir el futuro desarrollo de Alzheimer en la mayor parte de ellos. En concreto, en aproximadamente ocho o nueve de cada diez personas.

Y es que, a pesar de no disponer de un tratamiento que cure esta enfermedad, se cuenta con fármacos capaces de retrasar ligeramente el desarrollo de la misma e, incluso, se vislumbran posibilidades de revertir algunas manifestaciones clínicas.

La consecución de estos resultados positivos están íntimamente ligados al estadio de desarrollo de la enfermedad. «Cuanto antes se detecta el Alzheimer, más beneficios obtenemos con las terapias actualmente disponibles». Por eso, y dado que se carece de terapias potentes que permitan frenar la evolución de la enfermedad de manera más contundente, en estos momentos la principal lucha contra ella se está llevando a cabo en el campo del diagnóstico.

Según cuenta el también presidente de la Fundación Eresa, tan solo con la implementación precoz de medidas de control de los factores de riesgo cardiovascular y el empleo de técnicas de estimulación cognitiva, junto con el establecimiento de medidas de impulso de la actividad física y social, se consigue retrasar la evolución de la enfermedad.

Una detección temprana es la clave. La pérdida gradual, aunque sea leve, de memoria es ya un posible indicador de riesgo de desarrollar Alzheimer. Por su parte, los antecedentes familiares también juegan un papel significativo, pero no tanto como el que se estimaba hace algunos años.

Dentro de las técnicas y recursos más modernos que están empleándose para predecir la presencia futura de una enfermedad de Alzheimer destacan los tests genéticos, algunos de los cuales ya son capaces de determinar la susceptibilidad familiar a sufrir esta enfermedad neurológica.

Con todo, el abordaje de esta enfermedad es un reto sanitario, social y tecnológico de primera magnitud, afectando a uno de cada veinte mayores de 65 años y casi a la mitad de los de 85. Actualmente hay en el mundo más de 25 millones de enfermos, y en los próximos 20 años se estima que esta cifra se habrá triplicado.

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